Posiblemente el primer error que cometemos por falta de conocimiento es pensar que hasta que no salgan los dientes definitivos no es necesario llevar a cabo ningún tipo de cuidado o de revisión sobre la boca de los más pequeños. Desde DG Dental te recordamos cuáles son los mitos más extendidos y por qué debemos combatirlos.

Los dientes de leche no tienen importancia, porque se caen. Algunas muelas de leche perduran hasta los 10 años y una década es mucho tiempo

para no preocuparnos por su buen estado. Además, si los dientes temporales ya tienen caries, es muy probable que también se desarrollen en las piezas definitivas.

Es bueno limpiar el chupete de los bebés con saliva. Las caries no se heredan, pero sí se pueden contagiar si compartes tu saliva con los más pequeños.

El uso de chupetes solo causa problemas a partir de los 3 años. Los niños mayores de dos-tres años que usan chupetes o se chupan el dedo desarrollan malformaciones en la posición dental y en la buena mordida. Lo mismo ocurre con el uso prolongado del biberón, que afecta al patrón de masticación y deglución.

Los niños deben empezar a lavarse los dientes a los 2 años. Hasta cumplir esa edad, aunque tu hijo no coma alimentos sólidos, es muy probable que tenga predilección por llevarse a la boca muchos de los objetos que encuentre. Por lo tanto, debemos cuidar su boca con tanto esmero como otras partes del cuerpo desde el primer día.

Es bueno dormir a los bebés mientras toman el biberón. Una vez que empiecen a asomar sus primeras piezas dentales no es aconsejable continuar con esta práctica. En los bebés, al igual que en los adultos, las bacterias atacan más durante la noche y es por ello que debemos ir a dormir siempre con la boca limpia.

Hasta que no salgan los dientes definitivos no es necesario ir al dentista. Para asegurar una próspera y duradera salud bucal a nuestros hijos, es mejor que visiten a un odontopediatra desde la aparición del primer diente. Las revisiones periódicas se recomiendan a partir de los 6-7 años.

La predisposición a la aparición de caries se hereda. Las bacterias que provocan esta enfermedad dental tiene su origen principalmente en los malos hábitos de higiene y no en factores hereditarios, como es la falta de cepillado diario o una dieta riza en azúcares refinados.

Los dientes apiñados y torcidos son solo un problema estético. Además de la estética, la mala orientación de las piezas dentales viene acompañada de un mayor acúmulo de placa bacteriana y de mayor riesgo de infección. Incluso la mala posición de los frontales superiores puede desembocar en problemas de fonación.

Recordá que la salud bucal de los más pequeños comienza desde que son bebés y que los dientes temporales cumplen una función muy importante en el hábito de masticación, y en el futuro desarrollo orofacial. No esperes a que a tu hijo pierda todos los dientes de leche para empezar a cuidar su boca. La prevención en la etapa infantil tiene su efecto positivo en la etapa adulta.

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